
En una victoria sufrida por 3-1 ante el Celta de Vigo, el lateral venezolano no solo cumplió, sino que sostuvo el temple de una Real Sociedad que tuvo que remar a contracorriente tras la expulsión de Duje Ćaleta-Car.
Con diez hombres sobre el césped, Aramburu se multiplicó. Su intervención más determinante llegó en el momento de máxima tensión: un despeje sobre la línea tras un remate de Bryan Zaragoza que ya se cantaba como gol en el banquillo visitante. Esa acción fue el punto de inflexión anímico que permitió a los dirigidos por Pellegrino Matarazzo resistir el asedio gallego y terminar de liquidar el encuentro.
Bajo la nueva dirección de Matarazzo, la Real Sociedad ha comenzado una escalada vertical en la tabla de LaLiga, y Aramburu es el pilar sobre el cual se construye esa recuperación. Su capacidad para cerrar la banda, su disciplina táctica y ese «veneno» competitivo que lo caracteriza lo han convertido en un intocable en Anoeta.
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